Sábado , 24 junio 2017
El Mercosur, con fractura expuesta

El Mercosur, con fractura expuesta

MERCOSUR

Roberto García Moritán

 El Mercosur enfrenta uno de los momentos institucionales más críticos desde su fundación en 1991. La decisión de Uruguay de dar por concluida la Presidencia Pro Tempore ha creado una situación de acefalía sin precedentes ante la falta de acuerdo para que Venezuela asuma la titularidad del bloque en el segundo semestre del 2016.

El gobierno de Nicolás Maduro, por su parte, tampoco ha contribuido a superar diferencias al comunicar, en un acto unilateral, que asume por decisión propia una función sobre la cual falta consenso. Es casi como un intento diplomático de secuestrar al Mercosur y desconocer las normas de procedimientos del organismo regional.

La “silla está vacía” en virtud de la regla del consenso que interrumpe la aplicación automática del artículo 12 del Tratado de Asunción y el artículo 5 del Protocolo de Ouro Preto que establece la modalidad rotativa de Presidencia Pro Tempore conforme al orden alfabético de los Estados Miembros. El principio del consenso constituye el eje rector de la adopción de decisiones desde los orígenes del Mercosur y ratificada por el Protocolo de Ouro Preto de 1994 (artículo 37). En este contexto, la falta de consenso expresa disenso.

El método del consenso, aunque genere polémica, persigue el propósito de proteger la calidad y el carácter incluyente del mecanismo de adopción de decisiones. Esta mecánica, que encontró su fundamento en la democracia griega, tiene la ventaja de que en ocasiones deja a todas las partes igualmente insatisfechas al no significar unanimidad ni que todos comparten el resultado de una decisión sino que están dispuestos a seguir determinado resultado en el sentido de no negación.

El sistema funcionó en otros momentos complejos. En el 2013, por ejemplo, las Partes Contratantes autorizaron una extensión de la Presidencia Pro Tempore de once meses ante la dificultad de Argentina de asumir esa función. Esa decisión se adoptó por consenso y con la participación de todos los Estados parte como establece el artículo 37.

En el caso que nos ocupa, la falta de consentimiento para la transferencia formal de la Presidencia Pro Témpore al gobierno venezolano tiene lugar cuando se encuentra bajo la lupa internacional la calidad democrática y el respeto a los derechos humanos en Venezuela. Qué su Jefe de Estado asuma la Presidencia Pro Témpore tampoco fortalecería la alicaída imagen del Mercosur, en particular cuando se negocia un postergado acuerdo de libre comercio con la Unión Europea que ha condenado reiteradamente a Nicolás Maduro por, entre otros, la existencia de presos políticos y no respetar las libertades fundamentales.

La cuestión de la Presidencia Pro Témpore lamentablemente está polarizando al bloque y pone sobre la mesa el riesgo de una fractura. Sería lamentable que eso ocurriese.

Para salir del punto de inflexión todos los miembros del Mercosur deberían hacer gala de flexibilidad y mayor creatividad diplomática para superar el impasse institucional. Es de esperar que Venezuela coopere en este sentido y deje de lado desatinadas expresiones y actitudes que no guardan relación con el espíritu societario del Mercosur.

Roberto García Moritán fue vicecanciller.

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